He intentado no caer en el tópico de la frasecita, pero es que nunca antes para mí había tenido tanto significado. Y es que al fin estoy en casa, desde que me fuera el día 3 de Septiembre con destino a Horsens han pasado exactamente 105 días, y ya había ganas de volver, claro que las había.
El viaje de vuelta fue largo y un poco ajetreado, pues por la mañana había que entregar el informe del proyecto debidamente encuadernado, había que poner una lavadora para lavar las sábanas y dejarlas limpitas para la vuelta y había que comprar algunas cositas para llevar a casa a modo de detalle. Fue todo un poco precipitado y un no parar, pero no importaba, porque volvíamos a casa.




